Ser músico

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Notas Acusmáticas

Podrás abandonar la música, pero ella nunca te abandonará a ti

Acaba de pasar el día del músico y quería escribir algo al respecto, pero la inspiración no me llegaba, o más bien estaba desperdigada en los trabajos escolares.

Instagrameando encontré el video de una señora muy viejita, sin que eso fuera un impedimento para que tocara el piano con maestría y pasión, cualidades que muchos jóvenes quisiéramos tener. La descripción decía “¿cómo quieres llegar a tus 83 años?”. Por supuesto, me hizo reflexionar.

Siempre he tenido una gran admiración por los músicos. Desde muy pequeña tuve acceso a este maravilloso mundo. Mis papás tenían muchos amigos “hueseros” del rock, quienes contribuyeron a que mi amor por la música, de por sí ya encarrerado, creciera aún más.

En mi colaboración anterior hablé de que la entrega es la clave para que la música funcione. Cuando eres músico, simplemente no puedes estar alejado de la música. Podrás abandonarla una y otra vez, pero ella nunca te abandona a ti.

La música es muy noble. Llámese interpretación o composición, es capaz de curar el corazón roto, de sanar los malestares del cuerpo, de llenar la cabeza de sueños y de elevar el espíritu hasta el infinito. Y cuando pienso esto me pregunto, ¿por qué no toco más tiempo?, si cuando experimento el sonido que producen mis manos, siento que estoy en el cielo. Éxtasis. Placer. Felicidad. Orgullo… me siento única, me siento especial, como si los dioses posaran su mano en mi hombro para inspirarme.

Recientemente, platicando con una amiga me puse muy triste de enterarme que vendería su teclado “por falta de espacio y de tiempo para tocar”. Intenté recordarle los muchos beneficios de tocar un instrumento, de liberarse y descargar sentimientos, de cultivar su espíritu a través de la música. Ella me contestó que desafortunadamente vivía para el trabajo y que por mucho que extrañara tocar el piano, es algo que “no me deja dinero ni me ha ayudado en nada en todo este tiempo”. Una de las declaraciones más desalentadoras que he escuchado.

Mi inmediata respuesta fue que el mundo necesita de más músicos que sensibilicen a la sociedad. Podré sonar a una romántica soñadora, pero sigo creyendo que el mundo sería un mejor lugar si hubiera más artistas. Tal vez a muchos, o a la mayoría de los músicos, sobre todo los independientes, la música no nos ayude en lo económico, pero sí para ser mejores personas, de ser más conscientes y sensitivos ante lo que el capitalismo nos ha quitado como sociedad: la libertad, la capacidad de empatía y de sentir; para sustituirlo con la necesidad de consumir, de destruir y de convertirnos en máquinas sin sentimientos.

Después vi la publicación de otro amigo, también tecladista, que expresaba un malestar físico reciente y él mismo se preguntaba si se deba quizás a su falta de generar música. “Le das al clavo”, le dije, junto con varios de los motivos arriba expresados.

Recordé inevitablemente mi dolorosa y reciente convalecencia. Cuatro meses de estar en cama, entre recuperación y terapia. Los más difíciles de mi vida. Pero ahí estaba la música. Mantuve mi teclado a un lado de la cama y procuré tocar el mayor tiempo posible. De ahí salieron mis primeras composiciones y estoy segura de que me pude recuperar más pronto gracias a la música.

Me di cuenta de todo el tiempo que me vi forzada a descuidar a mi banda, mi técnica, mis ensayos, mi pasión. El ritmo se desaceleró pero no mis ganas. Mi motivación llegó a caer por los suelos, pero después escuchaba las grabaciones de mi grupo, veía las fotos de los tokines, los videos, y mi sentimiento y amor por la música se reavivaban.

Es muy fácil abandonar la música. Vivimos en un mundo en el que el arte es poco valorado, en el que los músicos somos objeto de prejuicios y de malos tratos que nos han ido cambiando la perspectiva hasta convertirnos en nuestros propios enemigos. Un mundo en el que hay pocas oportunidades para exhibir el arte y esas pocas son menospreciadas por los mismos artistas. Paradojas del mundo capitalista en el que lo más preciado es el dinero y lo material, cuando deberíamos pensar en producir, sí, pero cosas hermosas y que no dañen a nadie ni a nada, cosas inmateriales que enriquezcan nuestro ser interior, como la música, la pintura, la fotografía y toda forma artística y creativa.

Si tengo la fortuna de llegar a los 83 años me gustaría conservar la destreza para tocar el piano. Es la única actividad que me ha llenado inmensamente. La música me ha permitido tener experiencias increíbles, visitar lugares inhóspitos y conocer gente maravillosa, pero sobre todo, me ha permitido conocerme a mí misma y aprender a hacer todo lo que hago con amor y entrega.

¿Qué va a pasar cuando nos muramos? Nadie tiene la verdadera respuesta. No ha regresado nadie de la muerte a decirnos a ciencia cierta qué es lo que en realidad va a pasar. ¿Para qué queremos acumular cosas y billetes en el banco que a la mejor jamás gastamos y que evidentemente no podremos llevarnos de este plano?

Yo prefiero cultivar mi espíritu, porque la energía no se crea ni se destruye, sólo se transforma. Y cuando mi energía trascienda de este mundo, sin importar a dónde vaya, estoy segura de que seguiré siendo músico.

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