De reflexiones musicales

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Notas Acusmáticas

¿Qué tanto amas lo que haces?

Mucho he podido reflexionar sobre la música en este año que ya casi termina. En la vida personal siempre hay momentos de inflexión en los que o te va muy bien o muy mal, y particularmente se exacerban en lo que a la música independiente se refiere.

Las mieles del escenario poco alcanzan para balancear las penurias que sufrimos los músicos emergentes. Aunque es nuestro alimento, los vítores de la audiencia no pagan la renta. ¿Cómo mantenerse firme en el deseo de realizarse como profesional de la música?

No solamente es la técnica, o la calidad de la grabación; no solamente es el entusiasmo, o una fuerte inversión; no solamente es luchar contra los prejuicios que acompañan al músico y que nos generan un contrapeso muy fuerte, a veces casi imposible de superar, para alcanzar la cima del éxito.

La trascendencia musical es el sueño -a veces guajiro- que termina por convertir, con el paso de los años, a los jóvenes rockstars en maduros godínez. Dejar aquellos sueños de libertad y de rock, de pisar la carretera en busca de nuevos horizontes, de huir de las cuentas por cobrar y de toda clase de problemas “de adultos” con una actitud rebelde ante la vida, de lucha social y de ser ejemplo a seguir, todo a cambio de la seguridad de la nómina, de la mensualidad que alcanza para pagar la hipoteca o la renta, de tener un refri lleno y gasolina en el coche.

¿En qué momento se decide dejar la euforia de los escenarios por la tranquilidad de la oficina? ¿Ante el hartazgo de la presión social? ¿Con la llegada de los hijos? ¿Con las primeras canas grises que acompañan a las primeras arrugas y patas de gallo?

No es fácil mantenerse en la línea y menos cuando empiezas a ver “morros” a los integrantes de las demás bandas. De sopetón te das cuenta de que tú tenías la misma edad que ellos cuando empezaste a componer o a subirte a los escenarios por primera vez. Y es cuando te llegas a preguntar por momentos, ¿qué estoy haciendo?

A la vez, el aguante del cuerpo quizás ya no sea el mismo, pero las ganas continúan irrompibles, expectantes e igual de entusiastas, con todo y las dudas existenciales momentáneas. No obstante, el enemigo más persistente no son los abusadores que explotan a las bandas emergentes -a los cuales ya identificas a la perfección y con quienes te has topado muchas veces a lo largo de los años-, no son tampoco los foros que no abren sus puertas pues ya tienes la experiencia para saber dónde y cómo tocar, tampoco es la presión social de los amigos y familiares que antes te apoyaban y que ahora te dan a entender que tu época ya pasó. No. Los músicos nos enfrentamos a dos enemigos: el tiempo y el miedo.

El tiempo es el único que no se detiene. Puede ser que los abusadores que explotan a las bandas te empiecen a ubicar por tu trayectoria y prefieran quitarse de tu camino, o que los foros ya no representen un arriesgue para ti, quizás hayas decidido dejar de escuchar las voces que te dicen que te detengas. Pero el tiempo sigue diciéndote que no vas a triunfar, que te estás haciendo viejo.

El miedo, por su parte, es el que te reprime y que no te deja liberarte de ataduras y compromisos, que sólo te van quitando más tiempo y energías. Es el que te impide decir que no a la chamba segura. Es el que no te deja ser audaz y arriesgado. Es el que te quita la creatividad y no te deja reinventarte.

No voy a mentir. Todo lo anterior representa un factor determinante para decidir abandonar aquel sueño de juventud que significó todo para ti en algún momento de tu vida. ¿Pero por qué habríamos de olvidar nuestra pasión, eso que te llena, que te hace feliz, aunque no puedas sacar de ahí para la renta?

El secreto es la entrega. Sacrificar todo por la música. No hay más.

Eso implica invertir todo lo que tienes en nada más que tu pasión: tus energías, tu amor, tu tiempo, tu esfuerzo, tus ganas, tu dinero, tu creatividad, tus horas de sueño, cortar a las personas que no te apoyan, reducir el tiempo con amigos y familia…

Tienes que olvidarte de otras cosas que te gusta hacer. Por más trivial que parezca, si te dedicas una hora diaria a netflixear, ¿por qué no mejor la dedicas a tu música? Piensa en todo aquello que sueles hacer en tu tiempo libre y mejor dedícalo a tu pasión, porque no sólo es tocar en tu casa, componer o ensayar con tu banda. Tiene que pensar en que cada minuto que pasas alejado de tu instrumento, alguien más lo está aprovechando. Tienes que pensar en grande y buscar las puertas que necesitas abrir. Porque lo que no hagas por ti mismo, nadie lo hará.

¿Hay riesgos? ¡Claro! Que si no funciona, que si te vas a pelear con tus papás, que si vas a perder dinero, que si no sé qué… Pero no podemos vivir con miedo. Los seres humanos nacimos para ser libres y los músicos para guiar el camino.

Miedos hay muchos y los conformistas son los que sobreviven, pero el valiente es el que vive.

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