Nunca abandones tu sueño, no matter what

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Notas Acusmáticas

Las prioridades de un músico no deberían cambiar

Para la música (sobre todo la emergente) hay muchas barreras que hay que vencer antes de pensar en el ansiado reconocimiento o en la posibilidad de vivir de ella. Pero una de las más fuertes y quizás invencibles, es la de los hijos.

Tener un primogénito es, me imagino, sentir cómo te arrastra un enorme torbellino de emociones. Y digo que me imagino porque no he sido madre e ignoro por completo lo que puede significar llevar una vida dentro y planear miles de detalles para su llegada, incluso para el resto de la vida de un ser que llevará lo mejor de ti y de -preferiblemente- el amor de tu vida, así como lo peor de los errores y defectos de ambos, qué digo, ¡hasta de los abuelos! No obstante, para un músico es quizás aún más difícil la decisión -o en muchos casos “la obligación”- de recibir a un bebé, pues casi siempre representa el momento de decirle adiós al sueño musical.

Cuando le llega “la bendición” a uno de los integrantes de un grupo emergente lo más probable es que, en el menor de los casos, se tenga que pensar en un reemplazo o, en el peor, podría ser inclusive el fin de la banda. Sin embargo, el solo hecho de pensar en que otra persona se aprenda las canciones, haga click con la esencia musical, sea puntual y comprometida, se muestre en sintonía con todos los integrantes y esté dispuesta a llevar a cabo los planes ya establecidos, tampoco suena a miel sobre hojuelas.

Si bien uno de los grandes privilegios que da la música es la posibilidad de conocer a muchísima gente valiosa, también el buscar nuevos integrantes inevitablemente te hace aflojar el paso. El lado positivo es el gran aprendizaje o la huella que deja en ti cada músico nuevo que pasa por el proyecto musical. Pero sin lugar a dudas, el más grande golpe que puede sufrir una banda es la idea de que a la mejor jamás sucederá nada y la inmensa sensación de abandono por parte de ese alguien que decidió irse. Al menos 2 veces he experimentado esa sensación cuando dos amigos y colegas, en diferentes épocas y en diferentes grupos, salieron con su: “ya no puedo con el grupo porque mis prioridades ya cambiaron”.

Ya mi mamá me había dicho que la vida cambia radicalmente con un bebé en camino. Y en más de una ocasión he sido víctima de la clásica: “¿y el bebé para cuándo?”, acompañada de mi reacción automática de “nooo, con un perro me basta”, “no tengo tiempo”, “el mundo se va a acabar” y “prefiero ser la tía buena onda”, entre un gran repertorio por el estilo, siempre acompañado del pensamiento que ha guiado mi vida por mucho tiempo: “primero el rock”.

Cuando decidí comenzar una relación con Uzz, que el día de hoy es mi esposo, lo primero que le hice saber era que yo, desde hacía mucho tiempo, ya había tomado la decisión de no tener hijos. Él estuvo de acuerdo eventualmente y es algo que algunas personas no comprenden de nosotros. Por ejemplo, mi papá me dijo alguna vez que cuando decides mudarte a vivir con alguien (tu pareja) es porque implícitamente se piensa en tener hijos algún día. También un amigo me dijo que el solo hecho de pensar en tener relaciones sexuales con alguien implica que estás dispuesto a tener hijos con él o ella, por aquello de “cuando te falla”. Algunos otros nos han expresado que nos estamos perdiendo de mucho al no querer hijos y, fuera de la presión social y familiar para ver a una mujer “felizmente” embarazada, pienso que es una decisión que no debe tomarse a la ligera.

Otra amiga, madre de dos hermosas niñas y con dos trabajos casi de tiempo completo, me decía, con una gran sonrisa y una mirada de “ay, ternurita”, que tener hijos no se antepone para cumplir tus deseos y propósitos personales. No obstante he visto todo lo contrario en el ámbito musical. Incluso me atrevería a decir que es una de las principales causas para pensar en abandonar la música. ¿De verdad tener hijos es tan difícil? ¿O los usan de pretexto porque en realidad la música no era su sueño? ¿O qué es lo que pasa?

Tal pareciera que “la bendición” en realidad es una maldición -y no me refiero al hijo, sino a la situación- que impide a los papás primerizos realizar sus aspiraciones personales y de concretar cualquier tipo de sueño que hayan tenido en su juventud, convirtiéndose en godínez de tiempo completo para pagar la hipoteca de la casa, porque ya viene el segundo o el tercer bebé y ya no caben en el bonito depa de solteros. O al menos eso es lo que he presenciado en la mayoría de mis amigos con hijos.

Pero sinceramente, si yo fuera a ser mamá algún día, de ninguna manera abandonaría mi sueño musical, al contrario, tocaría diario mis obras favoritas durante horas para que el o la bebé creciera desde el vientre escuchando la música con la que aprendí a tocar el piano, seguiría ensayando con mi grupo emergente para que escuchara las canciones que su padre y yo compusimos, seguiría acudiendo a tocar y a escuchar múltiples conciertos para que sienta la euforia del rock, seguiría componiendo y disfrutando de la música porque así él o ella crecería amándola y quizás querría dedicarse también desde muy pequeño@ a la música; imagino a su papá dándole clases de guitarra y yo enseñándole a tocar el piano, imagino una vida forjada en la música, algo que yo no pude gozar, puesto que mis papás no son músicos ni crecí en un ambiente musical. ¡Mi hij@ sería un artista desde chiquit@!

Así es como imagino que sería si algún día Uzz y yo “decidiéramos” ser papás (porque eso de dejarlo a la suerte tampoco va con nosotros). Entonces, mi conclusión es que sí se puede llevar una vida de papás primerizos con la música emergente. ¿Por qué no se podría? Muy probablemente sea difícil, pero nada es imposible y cuando se quiere, se puede; más cuando tienes un proyecto original que puede hacer sentir orgulloso a tu pequeñ@ algún día. ¿Se imaginan?, que te pida: “papá, mamá, ¿podemos escuchar su disco?”. Le haré caso a mi amiga con la mirada de “ay, ternurita”. Tal vez no ahora, pero algún día. Nunca digas nunca y sobre todo, nunca abandones tu sueño, no matter what.

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