El papel de la depresión en el arte

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Notas Acusmáticas

La mayoría de los músicos que he conocido han escrito sus mejores obras durante una etapa fuerte de depresión en sus vidas. Me atrevería a decir que mientras más deprimido, más llegadora la rola.

Los que tenemos la virtud de canalizar nuestros sentimientos a través del arte podemos aprovechar al máximo la depresión, ya que es uno de los sentimientos más fuertes que conllevan un cambio de perspectiva que, de no ser expresado en una actividad, puede llegar a costarnos hasta la vida, dependiendo de la intensidad con la que nos afecte.

Es por eso que la habilidad de la composición se da en la mayoría de los casos durante la adolescencia o después de la primera ruptura amorosa. No hay como un corazón roto y herido para escribir un potencial éxito musical.

¿Cuántos de ustedes crearon su primera banda emergente entrando en sus 20’s o incluso antes? ¿Cuántos más recuerdan al amigo de la prepa que los invitaba a sus tocadas en el bar de la esquina? ¿Y cuántas de esas canciones hablaban del amor perdido y el corazón partido?

Si bien una vez dominada la habilidad de componer es posible inspirarse con mayor facilidad, lo cierto es que mientras más fuerte el impacto de una experiencia más factible será la conexión que genere la obra con el espectador.

Por ello es imprescindible para el artista encerrarse en su soledad para traducir el dolor en palabras y melodías. Pasar horas y horas imaginando cómo se interpreta ese sentimiento hasta que escuches tu voz interior y puedas expresarlo en tu instrumento.

Cuando empecé a componer tuve a mi disposición los elementos de la depresión, la soledad y tiempo de sobra. Sin duda alguna lo mejor que pude hacer fue aprovecharlos en la música. Cuando me di cuenta, había invertido varias horas en crear mis canciones y en perfeccionarlas en lugar de estar tirada en la cama sufriendo.

Basta cualquier impresión que nos haga reflexionar para convertirlo en una obra de arte. Si tienes el talento, la inspiración llegará en el momento adecuado, lo único que tienes que hacer es escuchar a tu voz interior.

He visto muchas películas y leído demasiados libros sobre la depresión humana e invariablemente sale algo bueno de ella, siempre y cuando se tenga la disposición de salir del hoyo. Expresión, imaginación, inspiración…

Hay que soñar con lo que podría haber sido y no tener pena en hablar de nuestras heridas. Eso es lo maravilloso del arte, que puedes ser sincero sin ofender a nadie, al contrario, descubrirás más personas que se sienten igual que tú.

La depresión es sólo uno de los muchos sentimientos que pueden detonar en nosotros la necesidad de “crear”. Bien puede ser también la felicidad la que nos invite a bailar con las notas exactas que nos inspiren a seguir escribiendo.

No importa qué sentimiento sea el que te provoque crear música, pero aprovéchalo. Y sobre todo si se trata de una depresión, invierte ese tiempo en expresarte. Es el mejor combustible que encontrarás para perseguir tus sueños y el mejor aliciente de tu depuración existencial.

Al principio es difícil salir del círculo vicioso de la depresión, porque evidentemente te sientes triste y no quieres hacer nada. Pero una vez que te das cuenta de todo el tiempo precioso que estás desperdiciando y que podrías aprovechar en algo tuyo, en algo que te permita curar tu corazón y liberarte de esa carga, estarás escribiendo.

Soledad, depresión y tiempo. Es lo único que necesitas para prender la llama de la creatividad artística. Por eso, aprovecha tu tristeza, tu corazón roto, la muerte de un ser querido o cualquier evento que te provoque “sentir” intensamente y transfórmalo en música.

Jamás te sentirás mejor que cuando escuchas el resultado de tu inspiración. Toda aquella tristeza acumulada se convierte de pronto en una gran satisfacción personal. Piensa en grandes obras de arte de cualquier época, no sólo musicales, y date cuenta del gran peso que representa el elemento de la depresión. Úsalo a tu favor para componer.

Sobre todo, date la oportunidad a ti mismo de sentirte feliz. A veces la depresión nos va sumiendo más y más en la idea de que no merecemos sentirnos bien o de que todo lo malo que nos esté sucediendo es lo único a lo que podemos aspirar en la vida, pero eso es falso.

Al menos 2 veces en mi vida la música me ha salvado. Primero, en mi adolescencia, después de mi primera decepción amorosa, cuando decidí abrazar mi instrumento como una forma de vida en medio de mi depresión; así conocí a mi verdadero amor. Y segundo, durante una convalecencia que me obligó a estar lejos de mi hogar y a estar postrada en una cama; así comencé a componer.

En esencia, la música y el arte en general es un poderoso antidepresivo. El solo hecho de apreciarlo nos hace sentir mejor. Pero si nos proponemos crear arte, la satisfacción es inmensamente mayor. Siempre que te sientas cayendo por un precipicio, entrégate a tu instrumento, a tu pincel, a tu cámara, a cualquiera que sea tu herramienta artística y deja que la oscuridad de tu depresión te otorgue las facilidades para canalizar tu sufrimiento a través de la música, de la pintura, de la fotografía… Cuando menos te lo esperes, la depresión será sólo un pasaje más en tu vida que te permitió crear arte.

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