Rendirse no es una opción

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Notas Acusmáticas

Para Uzz, el amor de mi vida

Cuando alguien cercano te dice que lo mejor sería que renunciaras a tus sueños, tienes dos opciones: hacerle caso o “seguir de terco”. Y lamentablemente, los músicos somos los que quizás hemos escuchado esto más que nadie.

Para muchos, los “sueños” son algo intangible, algo que no puede cumplirse, algo irreal que sólo sirve para pasar un buen rato, reunirse con amigos que compartan los mismos deseos y relegarlo a los tiempos de juventud, en un viernes por la tarde.

¿Cuántos músicos hemos escuchado, desde la infancia, que debes dedicarte a algo que de verdad te permita “vivir”? Recuerdo que en el momento de decidir estudiar una carrera, muchos amigos y conocidos decidieron, más por presión que por gusto, dedicarse a “sacar” adelante su licenciatura, justo en los años en los que nuestra energía pareciera no acabarse nunca y los sueños son más fuertes.

A pesar de que la juventud nos permite hacer cosas maravillosas, muchos optan por “hacerle caso a la razón” –madurar, le llaman algunos- y olvidar sus sueños, o en el mejor de los casos, posponerlos, para cuando ya tengan una carrera, como si eso fuera el factor principal que te va a permitir “vivir”.

¿De verdad eso es vivir?, ¿dedicarse a algo que a la mejor ni siquiera te llena o ni te gusta pero que te deja el suficiente dinero para comprar una casa, un carro, muchas cosas inservibles para llenar la casa y después casarse, comprarle cosas a los hijos, a la pareja, envejecer y morir?

Muchas personas continúan creyendo en el estigma de que un músico “se va a morir de hambre”. Y quizás tengan razón. En lo económico, muchos músicos ni siquiera viven de su pasión. Los que se dedican de lleno a la música tienen que fletarse a malos sueldos, malos tratos, a no tener seguridad social e incluso a la discriminación. Otros más tienen que trabajar en otras cosas para solventar sus costosos “juguetes” musicales. Sin embargo, quizás sean más felices que la mayoría de los que dejaron su sueño atrás. Y esto aplica para todas las demás pasiones olvidadas, generalmente artísticas, como si el arte fuera un mal en lugar de un bien necesario.

¿De qué sirve vivir muchos años añorando algo que nunca pudiste tener o lamentándote con el “hubiera”? Hubiera seguido mis sueños. Hubiera formado esa banda. Me hubiera comprado esa guitarra. Hubiera tomado clases. Hubiera aprendido cuando era joven. Hubiera grabado un disco. Hubiera tomado un año sabático cuando vivía con mis papás para ver si podía conquistar mi sueño…

Yo me salí de la escuela cuando cumplí 14 años. Mientras compañeros, primos y conocidos de mi edad alcanzaban grados académicos y hasta se iban de intercambio, todo pensado alrededor de su licenciatura, ¡vaya!, hasta cambiaban una, dos o tres veces de carrera, yo estaba viviendo lo que quería. Tuve mi primer amor, me rompieron el corazón, aprendí a trabajar, viajé por el país y al extranjero, decidí sin presiones qué era lo que quería hacer con mi vida, experimenté, me equivoqué, aprendí, encontré mi pasión, me dediqué a ella, conocí al amor de mi vida que comparte la misma pasión, hicimos nuestra banda; y de todos modos acabé mi secundaria, mi prepa y hoy estoy por acabar mi carrera. ¡Lo mejor es que no me estoy muriendo de hambre! y me siento feliz. Realmente, a mi todavía corta edad, siento que mi vida ha valido la pena cada instante. Y no me arrepiento de nada.

Cuando el cáncer nos arrebató la vida de una amiga muy querida, se quedó grabada en mi mente una frase que solía decirle a su hija: rendirse no es una opción. Pensar en términos de vida o muerte hace que las personas salgan adelante. Somos fuertes por naturaleza. Pero también somos artistas, somos sensibles, somos seres únicos que se expresan creando cosas hermosas y que hacen sentir la vida a otros a través de su pasión. ¿Por qué no salir adelante en aquello que te llena?

Para mí, rendirse a la música no es una opción, nunca lo ha sido. Mentiría si negara que en más de una ocasión ha pasado por mi cabeza esa nefasta idea de renunciar a mis sueños, pero afortunadamente siempre he entrado en –la verdadera- razón. A la mejor por eso el mundo está tan mal, porque el mismo sistema nos presiona a priorizar lo económico y lo material sobre el arte y la pasión, a dedicarse a algo que te deje mucho dinero para comprar cosas en lugar de dedicarse a algo que te guste para enriquecer tu espíritu y que te hace una persona más sensible, más atenta, más amable, más humana. Todo está pensando y hecho para que olvidemos nuestros sueños y nos convirtamos en obreros para hacer a alguien más rico, mientras te caen algunas migajas, grandes o chicas, dependiendo de a qué te dediques, pero migajas al fin y al cabo.

La música ha sido no solamente un hobby, sino una salvación en mi vida, un modo de ver las cosas. Es tan fuerte la pasión que comparto con mi esposo, que todo lo que hemos construido juntos gira alrededor de nuestro sueño. Muchos podrán llamarnos bohemios, criticarnos, incluso burlarse de nosotros por perseguir algo inmaterial, pero nos sentimos vivos, somos felices porque hacemos los que nos gusta, hemos sido ejemplo para muchos que buscan la luz en sus vidas, somos exitosos porque poco a poco vamos consiguiendo nuestros propósitos, somos valientes porque no nos encasillamos, somos sinceros porque contagiamos a otros con nuestro arte… Somos músicos. ¿Tú qué eres?

 

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