¿Podemos vivir en silencio absoluto?

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Notas Acusmáticas

El poder de las vibraciones. No es magia, es ciencia

¿Recuerdan aquella escena de Matrix donde Neo aprende Kung Fu pasivamente en unos cuantos segundos por medio de un programa conectado a su cerebro? Pues ya existe una tecnología que nos permitirá aprender a tocar el piano en cuestión de horas y sin necesidad de conectarnos a ningún lado.

Thad Starner, uno de los genios de Georgia Tech, responsables de desarrollar el brazo del baterista biónico, fue el inventor del Google Glass y ahora ha creado unos guantes que, por medio del aprendizaje háptico pasivo (PHL por sus siglas en inglés), podemos adquirir diferentes habilidades que requieren de nuestras manos, en un abrir y cerrar de ojos, tales como tocar el piano, aprender Braille o código Morse.

La percepción háptica es el conjunto de sensaciones, no visuales, que experimenta un individuo al estar en contacto con su entorno. Se trata de un sistema de procesamiento de la información por medio de la apreciación táctil, utilizado por las personas ciegas para relacionarse con el mundo que les rodea y especialmente necesario para entender el arte.

El estudio de la captación e interpretación de la información contenida en los estímulos que nos rodean, que se interpretan por medio de la vibración, así como el almacenamiento y recuperación de esta información, constituye uno de los temas más importantes de disciplinas como la Psicología actual y fue fundamental para el desarrollo de esta tecnología.

En un nuevo capítulo de Superhuman de Freethink, el reportero platica su experiencia al aprender a tocar una sencilla melodía de piano en tan solo una hora de utilizar estos guantes y sin ningún tipo de estudio. Lo único que hacen los guantes es emitir vibraciones en el orden en el que los dedos deben tocar la melodía y cuando se retiran, el cerebro ya sabe qué es lo que debe hacer. Lo increíble es que inclusive con distracciones de por medio, es posible tocar el tema aprendido como si se tratase de un código que una computadora cumple en automático.

Por supuesto que pensar en aprender a tocar el piano gracias a unos guantes que emiten vibraciones resulta increíble. Pero lo fantástico es que esta tecnología tiene múltiples usos en la medicina, ya que puede ayudar a personas que han sufrido algún trauma cerebral y por lo cual hayan degenerado sus habilidades motoras, por ejemplo, pues potencializa la sensibilidad y movilidad de las manos. Inclusive el hecho de que personas con ceguera sean capaces de aprender a leer Braille en tan sólo un par de horas, algo que se logra en aproximadamente seis meses, suena a magia… pero es ciencia.

¿Qué tienen de especial las vibraciones?

Se dice que cuando Beethoven se quedó sordo, componía con una vara de metal entre los dientes para ayudarse con la vibración que produce el sonido. Cortar las patas de sus pianos y sentir la madera mientras tocaba eran otras de las ideas que tuvo el prodigio para sentir la música por medio de la vibración. Su cerebro hacía el resto al reconocer la longitud de la vibración de cada nota, con la información de sus recuerdos de cuando aún podía escuchar. Esto se llama “memoria auditiva” y es lo que crea ruidos en nuestra cabeza, lo que escuchan los compositores cuando tienen una idea musical en su interior.

Pero en el plano físico, cuando se produce movimiento en un cuerpo éste crea vibraciones que a su vez producen ondas, las cuales se convierten en sonido y este sonido en música. Para que estas ondas sonoras tengan una determinada entonación, entran en juego su longitud, amplitud, duración y frecuencia. Las vibraciones cortas o largas producen sonidos agudos o graves. Así podemos identificar los sonidos de una escala y sus armónicos.

¿Qué pasaría si se aislara por completo el sonido y se llegara al silencio absoluto? Nadie ha aguantado estar más de 45 minutos en el lugar más silencioso del mundo, pues permanecer allí por más tiempo nos causaría literalmente demencia. Me refiero a la cámara anecoica, que consiste en anular cualquier tipo de interferencia de onda, necesaria para realizar estudios científicos y de desarrollo tecnológico. Sin embargo, el impresionante efecto puede llevar a perder la razón a quienes se aventuran a vivir esta experiencia, puesto que no se provocan vibraciones, que es lo que pueden sentir las personas sordas.

El diseño interior de esta cámara anula cualquier clase de reflexión de ondas acústicas. Los paneles absorben completamente los ángulos de reverberación sónica, lo que provoca un efecto de vacío acústico absoluto. En cualquier ambiente, las ondas sonoras se reflejan en los cuerpos sobre los que inciden, lo cual no sucede dentro de dicha cámara.

El compositor norteamericano John Cage, quien ha basado sus composiciones en el silencio como tema principal, al comentar su experiencia dentro de una de estas cámaras preguntó intrigado por qué, si estaba completamente aislado, había percibido dos sonidos: uno alto y otro bajo. La respuesta fue que los pitidos agudo y grave que escuchaba eran, respectivamente, el del sistema nervioso y el que producía su sistema circulatorio, de manera que un ser humano es incapaz de experimentar una situación de extremo silencio aunque se trate de un sordo de nacimiento, ya que nuestra propia sangre provoca vibraciones dentro del cuerpo y eso lo percibimos todo el tiempo.

En el mismo sentido, es por medio de las vibraciones sónicas que las ballenas y los delfines son capaces de comunicarse dentro del mar, pues poseen un olfato prácticamente nulo y una visión pobremente desarrollada, de manera que utilizan el sonido para la eco-localización.

He ahí la importancia de la vibración, y por supuesto la importancia de la tecnología. No obstante, quizá lo más importante de todo esto es la capacidad de sentir del ser humano. Sentir las vibraciones es lo que permitió que un sordo como Beethoven fuera capaz de componer una obra maestra como su 9ª Sinfonía, debido a la emoción que su cerebro sentía al recordar qué sonido produce cierta vibración en una nota musical; y sentir las vibraciones en las manos por medio de unos guantes es lo que ahora permite aprender a tocar el piano en unas cuantas horas.

Es la capacidad de sentir lo que tocamos lo que puede lograr que el cerebro reactive un miembro inservible de nuestro cuerpo, como las manos después de un accidente o una embolia. Es la sensación lo que nos hace humanos y que nos ha llevado al límite de nuestra creatividad, desde la confección de herramientas tan primitivas como el cincel y el martillo, a herramientas tan avanzadas como un brazo biónico; desde la creación de una canción de cuna, hasta la composición musical más compleja que requiere de decenas de instrumentos en una orquesta.

Mi reflexión e invitación del día de hoy es que no olvidemos qué es lo que nos hace humanos. Evitemos actuar en automático y dediquémonos cada día a sentir nuestro propio cuerpo, a tocar las cosas, a sentir lo que nos rodea, a conectar unos a otros, a sentir la madre naturaleza, a ser felices y a amar profundamente.

 

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