¿Música feminicida?

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Notas Acusmáticas

En una colaboración anterior me referí al machismo que impera en la escena musical como industria, es decir, la discriminación contra la mujer en el sentido de cosificar y explotar su sexualidad por encima del talento, situación que irremediablemente lleva al acoso y la violencia. ¿Pero qué hay del contenido musical?

Desgraciadamente, el reggaetón no es el único género con letras machistas. Hay rock, metal y pop, entre otros, que incitan a la violencia de género. Uno podría pensar que en el arte no hay tal, o que hablar de cosas como “déjame sentirte, quiero deleitarme… no hay razones pa’ que te cohibas, yo sé que te gusta, te motiva, me dijeron que eres posesiva… y te tragas todas mis vitaminas” raya en la libertad de expresión.

La cita anterior pertenece al tal Maluma, ampliamente criticado en redes sociales por sus letras machistas. Si bien cada persona es libre de escuchar, hacer y decir lo que le plazca mientras no se dañe a otros, no podemos dejar de señalar y condenar la incitación a la violencia, del tipo que sea, ya que no podrán negar que en lo que leemos y escuchamos hay una gran influencia sobre nosotros, consciente o inconscientemente, y hacer referencia a la idea de que la mujer está para complacer al hombre, es machismo.

Por ahí leí comentarios acerca de que había que definir el concepto de machismo antes de criticarlo. Creo que sale sobrando, pero para fines prácticos podemos definirlo como la actitud de superioridad del hombre sobre la mujer, con lo que se justifica la discriminación y la violencia física, verbal o psicológica hacia el género femenino.

Este tema debería ser de suma preocupación en un país como México, donde los feminicidios crecen como hongos frente a la ineptitud de las autoridades. En el año 2015 se contabilizaron 389 carpetas por el presunto delito de feminicidio (el asesinato de una mujer por razones de género); 580 casos en 2016, y en 2017 un total de 671. Si se compara la cifra de 2017 con la de 2015, el aumento es de un alarmante 72%. (http://www.animalpolitico.com/2018/01/feminicidio-mexico-asesinatos-mujeres/)

En este espacio he señalado en más de una ocasión la necesidad de fomentar el arte, la música principalmente, como medio para combatir la violencia, la maldad y la podredumbre del ser humano, a través de letras poéticas como “imagina a toda la gente viviendo en paz” y “todo lo que necesitas es amor”. Sin embargo, la contraparte se impone “porque sabes qué hacer con ese gran trasero gordo menear, menear, menear…”.

¿En qué clase de mundo vivimos? ¿Cuándo se convirtió en arte una estrofa como “¿Puedes soplar mi silbato nena? Házmelo saber. Chica, voy a enseñarte cómo hacerlo. Y empezamos realmente lento. Sólo pon tus labios juntos. Y acércate mucho”? No, discúlpenme pero eso no es arte, sino una estrategia publicitaria para incrementar ventas, en donde se continúa utilizando el atractivo sexual de la mujer. Recordemos que el arte es una manifestación sincera del ser humano que mueve conciencias, con el objetivo de generar sensibilidad y dejar un mensaje positivo para mejorar el imaginario social, no al revés.

Es evidente la diferencia entre una canción romántica donde se exalta a la mujer como complemento idóneo del hombre (como “Woman” de John Lennon), a los balbuceos de un tipo que pide a la mujer menear el trasero y se coma sus vitaminas. Los significados e interpretaciones que resultan de discursos así, dejan mucho a la imaginación y son potencialmente muy dañinos para una sociedad históricamente patriarcal.

Hace poco escuché un especial donde explicaban por qué Blink-182 dejó de interpretar en vivo “Adam’s Song”, uno de los temas que llevaron a la agrupación al estrellato mundial. La razón es que la letra hablaba de un chico que se suicidó en la vida real. Pero eso no era todo, lo grave fue que un fan del grupo se suicidó también mientras escuchaba en loop dicha canción. ¿Coincidencias fatales o una prueba más del poder de la música?

Para no ir tan lejos, otro conocido caso de autocensura ocurrido nada menos que en nuestro país, es el de Café Tacvba, que decidió dejar de tocar en sus conciertos el conocido tema “Ingrata”, por considerar que justifica la violencia de género por su estrofa “Ingrata, no te olvides que si quiero pues sí puedo hacerte daño, sólo falta que yo quiera lastimarte y humillarte”.

Si bien la música es una vía de escape para quien la escribe, no debemos olvidar que también es una vía de identificación para quien la escucha. Los artistas de todas las vertientes somos ejemplo para nuestros seguidores, por lo tanto debemos tener en cuenta el potencial bien o mal que hacemos en la sociedad a través de nuestras letras.

La banda es uno de los géneros musicales que más se escuchan en México, por lo cual es alarmante que canciones como “Suata” de la Arrolladora Banda Limón -grupo predilecto de políticos priistas como el ex gobernador del Estado de México, Eruviel Avila, quien en cada oportunidad los invitaba a sus mítines, por cierto una de las entidades con las cifras más altas de feminicidios durante su sexenio (http://notiguia.tv/2017/09/12/con-eruviel-avila-escalaron-inseguridad-pobreza-corrupcion-y-deuda-oposicion-en-el-congreso/)- canten a los cuatro vientos “Suata, cállate el hocico, vas a hacer que te lo raje”.

O qué tal “Mi Cucu”, de la Sonora Dinamita, donde básicamente durante toda la canción el intérprete habla de su deseo por tocar el trasero de una mujer, “qué lindo es tu cucu, redondito y suavecito. Cuando te pones pantalón y te toca por detrás, se me suelta el corazón y yo quiero más y más… ándate, no seas malita, yo quiero una tocadita”.

Cabe señalar que en los videos de las canciones con este tipo de contenido sexista y peyorativo, invariablemente se observa a mujeres prácticamente desnudas, bailando o simplemente posando, mientras los “machos” cantantes las manosean y actúan como si ellas estuvieran locas por ellos, difundiendo un claro mensaje de cosificación y discriminación de la mujer.

En conclusión, la influencia de nuestros artistas favoritos, así como de la música que consumimos, causan una fuerte impresión en nuestra vida diaria -de hecho dediqué una columna anterior a este respecto-. Por ello es que debemos poner especial atención en la música que fomenta la violencia, o que simplemente habla de intrascendencias. ¿Por qué consumir contenido de baja calidad, sexista y violento cuando existen incontables y verdaderas obras de arte que te harán recrear aventuras fantásticas y situaciones de amor y conciencia social?

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