Ciencia y música

Estándar

Notas Acusmáticas

24/08/2017

La música es hermosa. Con unos cuantos acordes se pueden provocar sensaciones fantásticas e inimaginables en el cuerpo, en la mente, en los sueños, en el alma. Podría jurar que no existe ser humano en la Tierra que no disfrute de una melodía. Pero más allá de lo bello de la música, existe una conexión mística con nuestra espiritualidad. Y también con la ciencia.

Josefa Lacarcel, doctora en Psicología Evolutiva, música y ex profesora de Didáctica de la Expresión Musical, Psicología de la Música y Musicoterapia de la Universidad de Murcia, explica que existen tres regiones del cerebro implicadas en el reconocimiento de la melodía y el ritmo (http://ucc.um.es/reportajes/31/qu-hay-de-ciencia-en-la-msica).

Si bien el cerebro actúa como un todo, la actividad sensorial se ubica en la zona bulbar, donde se genera la experiencia rítmica. Al mismo tiempo, el diencéfalo es el encargado de las emociones, en la zona más profunda del cerebro, donde la melodía adquiere significación afectiva. Y por último, en la corteza cerebral es donde se ubica la actividad intelectual de la música. Todo esto, combinado con la dopamina y las metaendorfinas que son liberadas en nuestro cuerpo a través de los neurotransmisores del cerebro, es lo que nos proporciona placer cuando escuchamos música.

Lo que me pareció más genial es que también se modifican las ondas alfa hidroeléctricas de nuestro cerebro, así como el aura, alma o como cada quien quiera llamarle, que científicamente es más conocida como la “energía luminosa” de nuestro cuerpo, que cambia de color cuando escuchamos música y “se mueve”, como si se tratara de auroras boreales en el firmamento. Si esto es lo que sucede simplemente al “escuchar”, imagínense lo que ocurre cuando se “toca” música.

Los neurocientíficos han descubierto que tocar un instrumento musical involucra casi todas las áreas del cerebro a la vez y la cantidad de información que se procesa en complejas secuencias es asombrosa (les recomiendo un video que explica muy bien este punto https://www.youtube.com/watch?v=tS1KqiFKW7Q). Es decir, que cuando escuchamos música nuestro cerebro se convierte en una fiesta, pero cuando “tocamos” música éste se llena de fuegos artificiales, de colores y de energía en movimiento a lo largo y ancho de nuestra cabeza.

Algunos estudios en niños con educación musical de 3 años o más, revelan que ellos presentaron un incremento en su motricidad fina, así como en la discriminación auditiva, indispensable para el estudio de idiomas distintos a la lengua materna. Dichos niños también presentaron un mejor vocabulario, mejores habilidades en su lenguaje no verbal y su entendimiento de la información visual, distinguiendo con mayor facilidad las similitudes, las diferencias de formas y los patrones.

Lo increíble es que cuando se interpreta un instrumento en conjunto, es decir con un grupo musical, se genera una sensación de trabajo en equipo y olas de emoción, ya que literalmente los corazones de los integrantes se sincronizan simultáneamente, y no lo digo yo, lo dice la ciencia. Es por eso que nos llenamos de alegría y adrenalina cuando estamos en el escenario, que sentimos que podemos comunicarnos con esa energía suprema, que recordamos y recreamos momentos de nuestra vida, que imaginamos que podemos lograr lo imposible, que nos sensibilizamos y que nos conectamos con los demás.

Por si todo esto no fuera suficiente para emocionarnos y sorprendernos de la magia de la música, algunas teorías apuntan que su desarrollo desde la prehistoria tuvo el propósito de ayudarnos a “todos a movernos juntos”. Y la razón por la que esto tendría un beneficio evolutivo, es que cuando la gente se mueve al unísono tiende a actuar de forma más altruista y a estar más unida. ¡Asombroso!

Asimismo, investigadores del Instituto de Neurociencias Cognitivas (INECO) señalan que existen circuitos en la corteza cerebral involucrados en la percepción, codificación, almacenamiento y en la construcción de los esquemas abstractos que representan las regularidades extraídas de nuestras experiencias musicales previas. Es decir, que el cerebro anticipa cuándo se cometerá un error, aun cuando no nos hemos dado cuenta conscientemente de ello, y en parte se debe a la activación de estímulos que tenemos con la música desde que estamos en el vientre materno (https://elpais.com/elpais/2015/08/31/ciencia/1441020979_017115.html).

Según otro estudio, los músicos profesionales tienen el cerebro más desarrollado que los profesionistas de cualquier otra disciplina. Tocar un instrumento mejora el oído, la vista y la agilidad física, además de que los estudiantes que tocan algún instrumento tienen un mejor entendimiento de las matemáticas y desarrollan más su capacidad lógica deductiva.

Entre los múltiples beneficios que nos proporciona la música, según la ciencia, podemos mejorar el aprendizaje de idiomas y la creatividad, nos ayuda a sentirnos felices, calma la ansiedad, regula el nivel de hormonas relacionadas con el estrés, fortalece la memoria y el aprendizaje, recrea recuerdos, acelera el proceso de curación en el cuerpo, aumenta el optimismo, calma el dolor y ayuda en algunos desórdenes neurológicos como el Alzheimer, Parkinson, Síndrome de Tourette y el Autismo.

Para finalizar esta pequeña contribución sobre la música y la ciencia, no podía dejar de mencionar que en 2015 el músico y ex miembro del experimento CMS del Centro Europeo de Física de Partículas (CERN), Piotr Traczyk, interpretó la “sonificación” de los de los datos obtenidos por los cuatro detectores del Gran Colisionador de Hadrones (LHC).

Lo que sonaba como una pieza genial de heavy metal realmente eran los datos del Bosón de Higgs o Partícula de Dios –uno de los más grandes descubrimientos de nuestra era, ya que se cree tiene un papel fundamental en el mecanismo por el que se origina la masa de las partículas elementales- transformados en notas musicales para así representarlos con sonido en lugar de los gráficos que los físicos utilizan.

Mi imaginación no pudo dejar de volar y pensar en qué pasaría si tomamos alguna de las magníficas obras de Mozart, Beethoven o de algún grupo de rock y la transformamos en datos científicos, ¿darían alguna fórmula que permitiría entender la creación del Universo, nos permitiría visualizar dimensiones paralelas, tener contacto con extraterrestres o curar nuestro planeta? No sabemos qué podría pasar, tal vez nada o tal vez mucho debido a lo grandioso de la música, pero lo que sí sabemos es que la música es vida, nos une, nos sensibiliza, nos aferra a nuestra humanidad, e insisto, cada uno de los seres humanos deberíamos tener una formación musical desde nuestra infancia para apaciguar nuestro volátil temperamento. El mundo sería mejor y la ciencia lo respalda. Así que nuevamente te invito a disfrutar de este arte y a valorar a los músicos independientes.

#LEDSROCKBAND

Anuncios

2 comentarios en “Ciencia y música

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s